Terrorismo: el papel oculto de las pugnas de poder global
A menudo visto como un problema aislado, el terrorismo esconde una compleja relación con las luchas de poder a escala mundial. Estas pugnas no solo crean las condiciones para su aparición, sino que amplifican su alcance.
El terrorismo suele verse como un mal aislado. Normalmente se presenta como un problema interno, motivado por conflictos locales o ideologías extremistas. Y eso es, sin duda, parte de la realidad.
Sin embargo, las pugnas de poder a nivel global desempeñan un papel mucho más relevante de lo que se suele reconocer. Estas pugnas crean y amplifican las condiciones que permiten que el terror prospere.
En su momento, creí que el terrorismo surgía simplemente del descontento local. Esperaba conflictos aislados, arraigados en fallos políticos internos o en un extremismo religioso concreto.
Sin embargo, me encontré con una situación mucho más compleja. Las grandes pugnas de poder, las guerras subsidiarias y la competencia por los recursos suelen crear las condiciones para la violencia. Estos conflictos generan vacíos de poder o agravan las divisiones ya existentes. Esto cambió mi forma de entender cómo surgen y operan los grupos terroristas.
Guerras subsidiarias: cómo las grandes potencias moldean los conflictos locales
La Guerra Soviético-Afgana (1979-1989) es un claro ejemplo de ello. Estados Unidos y sus aliados enviaron armas y ayuda a diversas facciones muyahidines. Su objetivo era contrarrestar la influencia soviética. Este apoyo empoderó a grupos que, con el tiempo, se convirtieron en poderosas organizaciones extremistas.
Las potencias externas suelen apoyar a facciones locales. Les proporcionan armas, entrenamiento y dinero. Esto puede transformar una disputa local en un conflicto prolongado y letal. Un estudio de Carnegie Endowment de 2017 confirmó este efecto. La intervención externa provoca que las guerras civiles se prolonguen y sean más mortíferas.
Estas intervenciones suelen tener consecuencias imprevistas. Los grupos armados por una potencia podrían dirigir sus armas hacia otros frentes. Incluso podrían volverse contra sus patrocinadores originales. Esto se conoce como “blowback”. Es un riesgo siempre presente en los conflictos subsidiarios.
Mi investigación reveló que las grandes potencias rara vez consideran estos efectos a largo plazo. Se centran en obtener ganancias estratégicas a corto plazo. Esto a menudo genera una inestabilidad duradera y deja tras de sí grupos armados y radicalizados, una situación peligrosa para la seguridad futura.
Competencia por los recursos y diferencias ideológicas
La competencia por el petróleo y el gas en el Golfo Pérsico se intensificó tras la Guerra de Irak de 2003. Esta competencia no es solo una cuestión de dinero. Suele alimentar la inestabilidad política. Las potencias externas respaldan a diferentes bandos para obtener acceso o influencia.
Este respaldo a menudo agrava las divisiones étnicas o sectarias locales. Por ejemplo, la rivalidad suní-chií en Oriente Medio tiene raíces profundas. Aun así, los actores externos suelen explotar y profundizar estas divisiones. Financian ciertas milicias o movimientos políticos.
La Guerra Soviético-Afgana (1979-1989) fue un conflicto subsidiario clave en el que Estados Unidos y sus aliados armaron a facciones muyahidines contra la influencia soviética, una estrategia que, sin querer, empoderó a grupos que más tarde se vincularon al extremismo. (Fuente: amazon.com)
Me sorprendió la profunda interconexión entre la competencia por los recursos y los choques ideológicos. No se trata solo de quién controla el petróleo. También de quién se alinea con qué potencia regional o global. Un informe del Consejo de Seguridad de la ONU de 2023 puso de manifiesto este problema. Detalló cómo el comercio ilegal de recursos, como el contrabando de petróleo, financia directamente a grupos extremistas.
Estos fondos permiten a los grupos terroristas operar. Pueden reclutar nuevos miembros y adquirir más armas. Esto genera un ciclo de violencia autosostenible. Permite a los grupos terroristas convertirse en actores importantes en el escenario global.
El colapso estatal y la expansión del terror
El gobierno de Libia colapsó en 2011 tras la intervención de la OTAN, lo que creó un enorme vacío de poder. Este no es un hecho aislado. Las presiones geopolíticas o las intervenciones directas suelen debilitar o desintegrar estados. Esto genera grandes espacios sin gobierno.
Estos espacios se convierten en un caldo de cultivo para los grupos terroristas. Explotan la falta de autoridad central. Reclutan a poblaciones desilusionadas y empobrecidas. Estos grupos ofrecen una forma distorsionada de orden o un propósito.
Mi perspectiva cambió radicalmente en este punto. Solía ver el colapso estatal y el terrorismo como problemas separados. Ahora, veo un vínculo directo. Cuando los estados se debilitan, los grupos terroristas llenan el vacío. Controlan el territorio e imponen leyes severas.
El Índice Global de Terrorismo de 2023 reveló una estadística aleccionadora. Determinó que el 79% de todas las muertes por terrorismo ocurrieron en países con conflictos en curso. Esto no es una coincidencia. Los estados asolados por conflictos no pueden contrarrestar estas amenazas. Los grupos terroristas se adaptan rápidamente. Prosperan en el caos derivado de las grandes pugnas geopolíticas.
Más allá del campo de batalla: implicaciones futuras
La región del Sahel, que abarca el norte y el oeste de África, sirve como una clara advertencia. Experimentó un aumento del 200% en las muertes por terrorismo entre 2007 y 2021. Esta cifra procede del Centro de Estudios Estratégicos de África. Este aumento dramático se produjo a medida que aumentaban la inestabilidad regional y las intervenciones externas.
Esta tendencia sugiere un futuro preocupante. Las rivalidades geopolíticas no están disminuyendo. La competencia por la influencia, los recursos y las ventajas estratégicas se intensificará. Esto creará más regiones inestables a nivel mundial. Y empoderará a más actores no estatales.
La región del Sahel, un vasto cinturón semiárido que abarca el norte y el oeste de África, sirve como una clara advertencia, al haber experimentado un dramático aumento del 200% en las muertes por terrorismo entre 2007 y 2021 en medio de una creciente inestabilidad regional y de intervenciones externas. (Fuente: csis.org)
Mi investigación me lleva a una conclusión clara. Debemos replantearnos las estrategias antiterroristas. Simplemente centrarse en operaciones militares contra grupos terroristas no es suficiente. Necesitamos reducir la competencia a nivel estatal. Y también debemos abordar sus efectos desestabilizadores.
Esto implica promover la gobernanza inclusiva. Implica apoyar el desarrollo económico. Implica encontrar soluciones diplomáticas a las pugnas de poder regionales. No hay respuestas fáciles. Pero si no reconocemos cómo el conflicto global impulsa el terror, nuestros esfuerzos siempre serán insuficientes. Esta comprensión es el único camino a seguir.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la principal diferencia entre las pugnas de poder globales y el terrorismo? Las pugnas de poder globales involucran a estados o grandes potencias que compiten por influencia, recursos o ideología. El terrorismo es una táctica utilizada por actores no estatales, a menudo dirigida a civiles, para lograr objetivos políticos.
¿Cómo contribuyen las guerras subsidiarias al terrorismo? Las potencias externas apoyan a facciones locales en guerras subsidiarias, a menudo armando a grupos. Esto puede empoderar a elementos radicales, prolongar la violencia y crear espacios sin gobierno donde los grupos terroristas surgen y prosperan.
¿Todo el terrorismo está vinculado a las pugnas de poder globales? No. Parte del terrorismo surge puramente de conflictos locales o ideologías extremistas. Sin embargo, las pugnas de poder globales a menudo proporcionan las condiciones, los recursos o los vacíos de poder que permiten que los grupos terroristas prosperen.
¿Qué es el “blowback” en este contexto? El “blowback” describe las consecuencias negativas imprevistas de una operación secreta o política exterior. Aquí, se refiere a grupos apoyados por un estado que, con el tiempo, se vuelven contra ese estado, a menudo utilizando las mismas herramientas o el entrenamiento que recibieron.
Las guerras subsidiarias, en las que las potencias externas apoyan a facciones locales, son una característica recurrente de la competencia geopolítica, a menudo alimentando la violencia prolongada y creando entornos propicios para el surgimiento de grupos terroristas. Un ejemplo notable es la Guerra Civil de Angola, donde Estados Unidos y Sudáfrica respaldaron a UNITA contra el MPLA, apoyado por los soviéticos. (Fuente: rferl.org)
También te puede interesar:
👉 EE. UU. y China: Tras $664.000 millones en comercio, la compleja pugna por la hegemonía global
👉 Sanciones Económicas: Por Qué Frecuentemente No Logran Sus Objetivos
👉 1918: El armisticio que desmoronó cuatro imperios y redefinió Europa